domingo, 21 de febrero de 2010

Escuchar la voz de Dios


¿Está Dios aun hablando en el presente? ¿Es posible escuchar la voz de Dios? Los líderes cristianos están confundidos acerca de este asunto.

Algunos creen que Dios puede guiarnos y conferir dirección cuando la necesitamos. Otros dicen que Dios solamente nos habla por lo que leemos en la Biblia. Creo que Dios todavía nos habla hoy por Su Espíritu Santo, así como lo hizo en los tiempos bíblicos. ¿Qué cree usted?

Los libros apócrifos relatan acerca de una secta de los fariseos que existió en el 800 (o más) antes de Cristo, la cual, enseñaba que todo lo que Dios tuviera que decir ya estaba dicho en los escritos de Moisés. Cualquier voz o escrito profético subsiguiente serían invalidados. Solamente aceptaban los primeros cinco libros de la Biblia y nada más.

Es evidente que muchos líderes de la Iglesia creen la misma doctrina hoy (con alguna que otra modificación). Por ejemplo, los “fariseos de la teología moderna” enseñan que Dios sólo nos habla hoy por lo que está escrito en la Biblia, más allá de eso, Dios no dice ni una sola palabra.

Aunque es cierto que la Biblia es un libro concluido y nadie debe atreverse a agregar algo más al Canon de las Escrituras, la idea de que servimos a un DIOS MUDO (uno que no puede hablar) es una gran herejía teológica.

Muchos están dispuestos a morir para defender lo que Dios ha dicho (en los siglos pasados), pero “...desechan al que habla [en el presente, en nuestros días y tiempos] desde los cielos” (He 12:25). Somos amonestados siete veces: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice [tiempo presente] a las iglesias…” (Ap 2:7; 3:22).

A. LA NECESIDAD DE ESCUCHAR
Jesús dijo: “…No con sólo el pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4:4). La terminología “sale” habla de una función presente y contÍnua. Esto significa que algo que sucedió en el pasado, está sucediendo en el presente y continuará ocurriendo en el futuro.

Este versículo podría ser traducido como sigue: “El hombre...vive...de toda palabra que ha sido hablada y continúa siendo hablada por la boca de Dios”.

Dios, quien habló en épocas pasadas, está hablando en el presente y continuará hablando en el futuro. ¡DIOS NO ES UN DIOS MUDO!

Con esto, no queremos decir que la Biblia todavía continúe siendo escrita y que necesitemos seguir agregándole. Yo NO creo tal cosa. Sin embargo, la Biblia nos enseña que Dios desea un pueblo en el cual pueda “...habitar y andar” (2 Co 6:16), personas santas que sean “...letras [epístolas, cartas]...sabidas y leídas de todos los hombres” (2 Co 3:2, 3).

¡Oh, cuanto necesitamos escuchar Su voz! Solamente podemos vivir (tener la vida y bendición de Dios en nuestras iglesias hoy) por medio de escuchar cada palabra que salga y continúe saliendo de la boca de Dios hacia nuestros corazones.

1. Conocer La Voluntad De Dios
Todo líder de la Iglesia afronta esta pregunta: ¿Qué espera Dios que yo haga y qué debo dejar que Él haga? ¿Dónde termina mi responsabilidad y dónde comienza la de Dios?

En una parte, la Biblia dice: “…No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac 4:6). En lo anterior algunos sugieren que enseña lo siguiente: Dios hará todo con Su Espíritu y nosotros no tenemos que hacer nada.

En otra parte, Jesús dijo: “Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho” (Lc 12:47). Esto nos enseña claramente que Dios hace responsable a Sus siervos de conocer Su voluntad y tomar acción para ejecutarla.

¿Cómo podemos reconciliar la tensión entre la soberanía de Dios y la responsabilidad del líder de la Iglesia para implementar o ejecutar Su voluntad?

Podemos resolver con facilidad este dilema al examinar las palabras de Jesús: “...el siervo que entendió la voluntad de su señor...ni hizo conforme a su voluntad, será azotado mucho” (Lc 12:47). Jesús contrasta esto con el sirviente que no entendió la voluntad de su señor. Tal siervo, “será azotado poco” (v 48). De seguro que será azotado en ambos casos: si entendió la voluntad de Dios y no la ejecutó o si no la entendió y tampoco la llevó a cabo.

Dios desea líderes en la Iglesia que entiendan y pongan en práctica Su voluntad. La voluntad de Dios, establece los límites de nuestra responsabilidad. Si no entendemos Su voluntad, seremos juzgados de igual manera. A fin de hacer la voluntad de Dios, es vital que la entendamos. Para poder hacer Su voluntad, tendremos que escuchar Su voz. ¡Es así de simple!

a. Un Testimonio Personal. Cuando estaba en un instituto de entrenamiento misionero en el verano de 1951, fui de puerta en puerta, de casa en casa tratando de encontrar a alguna alma que pudiera guiar a Cristo. Me salieron callos en los nudillos de tanto tocar a las puertas.

Había tomado un curso sobre cómo ganar almas, el cual, bosquejaba la manera de conducirlas a Cristo. Fui enseñado a mostrar a los no convertidos que:

• Eran pecadores (Ro 3:23).
• La paga del pecado es muerte eterna en el infierno (Ro 6:23).
• Jesús llevó su castigo por el pecado sobre la cruz (1 P 2:24).
• Si recibe a Cristo será salvo (Jn 1:12).

Permítame decirle que todo lo expuesto arriba es cierto. Eso es todo lo que las almas necesitan para ser salvas. Si creen eso de todo corazón, experimentarán el nuevo nacimiento por medio del poder regenerador del Espíritu Santo.

Ni una sola persona de las que visité en ese verano nació de nuevo en Cristo. Nadie quiso recibir a Jesús. ¿Qué estaba haciendo mal?

Estaba dependiendo de una fórmula, de un método, en lugar de depender del Espíritu Santo. No estaba escuchando la voz de Dios para que me guiara y mis esfuerzos fueron en vano.

Unos años más tarde, al observar al Pastor Heeley conducir a muchas almas a Cristo, descubrí cuan equivocado había estado en mi técnica de ganar almas. Por todas las partes a las que iba el Pastor Heeley tenía éxito en guiar las almas a Cristo.

Cuando el Pastor Heeley necesitaba un recorte de pelo, oraba: “Señor, guíame a un barbero que necesite conocerte y que esté listo para recibirte”. Se montaba en su automóvil y pasaba por varias barberías. Cuando percibía en su interior la sensación del espíritu de haber encontrado la barbería correcta, se estacionaba y entraba al lugar esperando con fe dirigir al barbero a Cristo. Eran raras las veces que fracasaba.

Cuando el Pastor Heeley salía a comprar gasolina para su carro o comestibles para su esposa, hacía exactamente lo mismo, oraba por la dirección del Espíritu Santo, y luego prestaba atención a la tierna voz de Dios para su dirección. Siempre encontraba pecadores que estaban listos para recibir al Salvador cuando seguía la dirección divina.

Un día le pregunté: “¿Qué métodos usa usted cuando le predica a las personas, Pastor Heeley?” Respondió: “No tengo uno específico, simplemente escucho la voz del Espíritu para que me dirija en lo que tengo que decirles a las almas. Nunca repito lo mismo dos veces. El Señor me ayuda a descubrir sus necesidades y yo les hablo del Salvador en una forma amorosa y compasiva, la cual, les da a entender que me intereso y que Dios se interesa por ellos”.

El Pastor Heeley nació y se crió en Canadá pero nunca escuchó el evangelio hasta que llegó a la edad de los 40 años. Fue guiado a Cristo por un ganador de almas ambulante que le mostró gran amor e interés compasivo. El pastor Heeley es exactamente como su padre espiritual: va peregrinando por todo el mundo mostrando amor compasivo a los perdidos y guiándolos a Cristo. ¿Su secreto? Escucha y obedece la voz de Dios.

He tratado de imitar al Pastor Heeley desde que le conocí. He descubierto que Dios le dirigirá si desea que Él lo haga. Preste atención a la voz de Dios y Él le guiará amablemente hacia las almas que necesitan salvación y que están listas para recibir al Salvador.

Necesitamos escuchar la voz de Dios no sólo en el aspecto de ganar almas, sino también en cada área de nuestro ministerio. ¿Qué es entonces lo que nos lo impide?

B. COSAS QUE NOS IMPIDEN ESCUCHAR
1. Un Corazón No Perfecto Hacia Dios
“Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para corroborar a los que tienen corazón perfecto para con él…” (2 Cr 16:9).

En los tiempos bíblicos la gente entendía que el corazón era el contenedor de: 1) las emociones o afectos; 2) los motivos; 3) y las intenciones de la persona. Dios está realmente interesado en estas cosas.

a. Afectos terrenales. Si nuestros afectos están puestos en las cosas terrenales más que en las celestiales, ello, es una ofensa directa a Dios (1 Jn 2:15). La Biblia nos dice que tenemos que amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Mt 22:37).

b. Motivaciones Impuras. Si nuestros motivos son impuros como las del profeta Balaam (Nm 23), entonces, Dios nos juzgará con severidad. Balaam cambió los dones milagrosos que Dios le otorgó, por dinero, fama y prestigio.

c. Intenciones Erróneas. Ananías y Safira (Hechos 5) pretendieron donar todo su dinero para la obra de Dios, pero la verdad fue que se quedaron con una gran porción de la venta. Dios los mató porque su intención fue mala.

¡Oh! Cuánto necesitamos vigilar nuestros afectos, motivaciones e intenciones a fin de estar seguros de que son puros. Dios conoce nuestros corazones, ¿cierto?

“…pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón” (1 S 16:7). No podemos esconder estas cosas del Señor. Si nosotros no guardamos nuestros corazones puros delante de la presencia de Dios, de seguro que no podremos escuchar Su voz.

2. La Dureza De Corazón
“…Si oyereis su voz hoy, no endurezcáis vuestros corazones” (He 4:7).

Cuando salimos mi equipo y yo a compartir el evangelio, ayunamos y oramos para que el poder de Dios se manifestara en bendiciones y sanidad. A menudo separamos un día para ayuno y oración durante estos eventos.

Es nuestra costumbre seleccionar tres parejas de cristianos capacitados (esposos y esposas) y formar con ellos un equipo de oración. Es posible que organicemos cinco o seis equipos de oración para ministrar a las personas durante el día de ayuno y oración.

El equipo de oración coloca sus sillas en un círculo. Los que pasan para recibir la oración se sientan en el centro de ese círculo.

Animamos a los equipos a que oren en el Espíritu (en otras lenguas: 1 Co 14:13,14) y esperamos que el Espíritu les otorgue ayuda sobrenatural a los que necesitan oración.

a. La Falta De Perdón Detiene La Voz De Dios. Una dama acudió a un círculo de oración, del cual mi esposa y yo éramos parte. Padecía de una artritis muy aguda y le causaba grandes dolores en sus manos y espalda. Sus dedos estaban tan deformados que no podía estirarlos. Dijo que Dios había dejado de hablarle, que no había escuchado Su voz por más de ocho meses.

A medida que el equipo comenzó a orar por ella en el Espíritu, un cuadro comenzó a formarse en mi mente de un campo sembrado de maíz, del cual la cosecha había sido recogida. El terreno estaba endurecido y seco y los tallos de maíz marchitos. Mientras consideraba si este cuadro o panorama tenía algún significado para la necesidad de la hermana, sentí que el Espíritu Santo comenzó a decirme: “Ésta es la condición del corazón de esa hermana. Está muy endurecido y seco”.

Dirigí mis ojos al cielo y oré: “¿Por qué, Señor? El Espíritu respondió: “Su esposo la ha estado maltratando y ella no lo ha perdonado. El hecho de no poder perdonar, ha causado tal dureza de corazón. Debido a que no ha podido perdonarle, tampoco yo puedo perdonarle. Todo esto combinado, ha causado una terrible frustración en su corazón. Como consecuencia, está padeciendo esa artritis aguda que le aflige”.

No siempre estoy seguro de que escucho la voz de Dios cuando algo como eso acontece. Por lo tanto, a fin de probar si fue el Espíritu Santo o mi imaginación, le conté a la hermana acerca de la visión que había recibido. Le dije que consideraba que Él me había mostrado su situación. Luego le pregunté: “¿Es cierto esto?” - Ella irrumpió en llanto y contestó - “Sí, hermano Ralph, es cierto”.

b. El Perdón Nos Hace Escuchar La Voz De Dios. La compasión del Señor llenó mi corazón hacia esta amada hermana. Con lágrimas corriendo por mi rostro, le dije: “Hermana, Jesús la ama mucho, Él desea sanarle y hablarle como antes. Pero debe verbalizar su perdón. Simplemente diga: ‘Perdono a mi esposo de todas las cosas malas que ha hecho para herirme’. Cuando lo haga, el Señor la va a sanar y su corazón volverá a ser sensible en lugar de ser duro y Él le volverá a hablar de nuevo”.

Ella hizo lo que le sugerí y en unos tres minutos toda su artritis aguda había desparecido. La artritis y dolor de espalda también desaparecieron. Las coyunturas deformadas de sus dedos tomaron su forma normal y podía estirarlos y doblarlos.

Varios días más tarde, me dijo en un mar de lágrimas de alegría: “Hermano Ralph, Dios me ha estado hablando nuevamente. ¡Qué compasivo es! Años después me enteré que estaba pastoreando una buena iglesia.

Esta historia ilustra cuán importante es tener nuestros corazones bien con Dios. Un corazón endurecido, con callos, incrédulo y que le guarde rencor a los demás, de seguro puede impedirnos escuchar la voz de Dios.

3. Líderes No Regenerados
He viajado a través de más de cien naciones del mundo. Uno de los problemas más grandes que afronto a medida que viajo, es el de líderes eclesiásticos no regenerados. Líderes que nunca han nacido de nuevo del Espíritu de Dios. ¿Acaso es de sorprenderse el porqué no pueden escuchar la voz de Dios?

Más de 200 años atrás Juan Wesley, el fundador del Metodismo (la denominación más grande del mundo), iba de regreso por barco a Inglaterra después de un servicio misionero en la colonia de Georgia. Allá estuvo tratando de llevar alivio a los prisioneros que estaban recibiendo terribles maltratos.

En el barco en que él iba, se encontró con unos misioneros de Morovia quienes le preguntaron a Juan Wesley: “¿Es usted un cristiano nacido de nuevo?”

Él les respondió - “Soy un clérigo anglicano ordenado”.

- “Eso no fue lo que le preguntamos, Juan. ¿Es usted un cristiano nacido de nuevo en Espíritu de Dios?”

Juan replicó - “He estado trabajando con los prisioneros, ayudando a los pobres y haciendo toda suerte de obras buenas desde que me gradué del seminario.” - (Juan estaba tratando de evadir aquel asunto que significaba el “cielo o el infierno”).

Los misioneros continuaron presionándole - “Juan Wesley, Jesús dijo: “Es necesario nacer otra vez”.

Confrontando la misma pregunta una y otra vez, Juan Wesley pasó la mayor parte de su viaje releyendo su Nuevo Testamento. Se encontró versículos tales como: “Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Ro 8:16).

Él se preguntó: “¿De qué está hablando el Apóstol Pablo? ‘El Espíritu da testimonio al nuestro espíritu...’ ¿Qué significa eso?”

Luego leyó a 1 Juan 5:10 “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo…”.

Él meditó: “No he experimentado en mi corazón el testimonio del cual Juan está hablando. ¿Acaso habré nacido de nuevo?”.

Entre más hablaba con los morovianos y leía su Nuevo Testamento, más se convencía de que no tenía “fe salvadora”.

a. Fe Salvadora Ó Acuerdo Intelectual. Un día leyó la escritura de Santiago 2:19: “…Los demonios también creen y tiemblan”. Juan Wesley comenzó a ver que había una diferencia entre la “fe salvadora” y el conocimiento intelectual de los hechos históricos registrados en la Biblia acerca de Jesús. Los demonios creen los hechos, pero no tienen fe salvadora.

Convencido de que su iglesia, los profesores de seminario y su junta misionera le habían fallado al no enseñarle si había nacido de nuevo del Espíritu de Dios, Juan comenzó su búsqueda por la verdad espiritual.

Poco tiempo después de llegar al puerto en Inglaterra, una noche Juan fue a visitar una misión de poco reconocimiento en Londres para escuchar la presentación del evangelio con claridad y simplicidad. Wesley testificó más tarde: “Mi corazón fue extrañamente conmovido”. Se marchó de la misión esa noche con una paz que sobrepasa todo entendimiento, lleno de gozo y de gloria inefable.

Al final había conocido el gozo del nuevo nacimiento en el Espíritu. Ahora entendía lo que Pablo, Juan y Santiago querían decir. Ahora sabía la diferencia que existía entre la realidad espiritual y el conocimiento intelectual del evangelio. Empleó los años restantes de su ministerio mostrando a las gentes y a los pastores cuán esencial era estar seguro de haber nacido de nuevo.

b. Usted Puede Saber Si Es Salvo. ¿Qué respecto a usted? ¿Está seguro que ha nacido de nuevo? ¡Por supuesto que puede estarlo! ¿Por qué no le pide al Señor Jesús que venga a su corazón?

Ore esta simple oración: ¡Señor Jesús, confieso que eres mi Señor. Creo que llevaste mis pecados a la cruz del Calvario para salvarme de la condenación. Creo que resucitaste de los muertos y que estás sentado en el trono a la diestra del Padre celestial.

Confío en Tu sangre que derramaste por mi redención. Hoy renuncio y doy mis espaldas al pecado. Recibo tu Espíritu Santo para que dé testimonio a mi espíritu de que soy un hijo de Dios. Todo eso te lo pido en el nombre del Señor Jesucristo! ¡AMEN!

“Si oró con sinceridad, Jesús ya entró a su corazón. Ahora debe salir inmediatamente y contarle a otras almas que Jesús es su Salvador, dígales que lo recibió como Señor y Salvador y que está completamente seguro. Dígales que está completamente seguro de que es salvo y que va camino al cielo”.

La Biblia dice: “que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud [salvación]” (Ro 10:9, 10).
Ahora que ha nacido de nuevo, y está consciente de ello, es un candidato para que el Señor comience a platicar con usted. Ahora podrá escuchar Su voz. Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn 10:27).

Cuando Jesús venga a su corazón, lo limpiará y lo purificará del pecado y las tinieblas; Él quitará el corazón de piedra y pondrá uno tierno y sensible a los impulsos del Espíritu de Dios. Tal corazón, será presto en escuchar la voz del Padre.

“Y esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis …Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros, y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne… y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra” (Ez 36:25-27).

4. La Desobediencia Impide Que Dios Hable
Judson Cornwall dijo que estaba orando fervientemente rogándole a Dios que le hablara. El Señor le dijo al final: “Judson, ¿por qué debería hablarte de nuevo, cuando no me has obedecido en lo que te dije la última vez que te hablé?“. El Pastor Cornwall se levantó e hizo al momento lo que Dios le había pedido que hiciera previamente. Entonces, continuó escuchando la voz del Señor como antes.

“Luego la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro 10:17).

La fe puede ser definida como “Acción que obedece a lo que Dios dice”. Escuchar la voz de Dios no significa sólo oírla con sus oídos. Ésta, significa responder obedientemente a lo que Él dijo.

Cuando mi hijo tenía cerca de nueve años de edad, le hablé de la siguiente manera: “Hijo, toma esta bolsa de basura y échala en el lugar donde se tiran los desperdicios”. Él respondió: “Muy bien Papá”. Treinta minutos más tarde cuando regresé, la basura todavía estaba en su lugar. ¿Me escuchó él? No en el sentido bíblico. Mientras no me obedezca, estará ignorando mi orden.

Llamé a mi hijo aparte y le mostré la tabla que uso para castigarle en el trasero, la cual, tenía lista para tal uso; entonces fue presto en escuchar mi voz y poner la basura afuera.

La fe viene por el oír... la palabra de Dios, en otras palabras, es escuchar y responder obedientemente a lo que Dios ha ordenado.

a. El Orgullo Impide La Obediencia. Un gran impedimento a nuestra reacción de obediencia, es el ORGULLO. Escuché al evangelista de renombre mundial Oral Roberts decir: “Cada vez que subo a una plataforma para orar por los enfermos, he tenido que colgar mi orgullo sobre la cruz nuevamente, pues es de la única manera en que unos cuantos de aquellos por los que oro recibirán sanidad”.

A pesar de los incrédulos, los que se burlan y los reporteros criticadores, Oral Roberts ha perseverado en humillación para hacer lo que Dios le ha pedido que haga. Debido a su fidelidad a un llamamiento de tan poca popularidad, miles han sido sanados y el ministerio de sanidad es practicado más abundantemente a través de toda la Iglesia del mundo.

Muchos de nosotros nos hemos detenido de hacer lo que Dios dice, debido al temor de lo que otros puedan pensar si le obedecemos. Proverbios 29:25 nos dice: “El temor del hombre pondrá lazo; Mas el que confía en Jehová será levantado”. El “temor del hombre” es simplemente otra expresión de orgullo. Básicamente, no hacemos lo que Dios nos dice por el ORGULLO.

Nuestra mente carnal piensa: “Si tratamos de hacer lo que Dios nos ordena y fracasamos, ¿qué pensará la gente? Mis camaradas en el ministerio no me entenderán. Mi denominación no estará de acuerdo con lo que Dios me dice que haga”.

Todos estos pensamientos tienen su raíz en el temor del hombre: El ORGULLO. Muchos de los que desean hacer la voluntad de Dios se detienen por temor al hombre.

A menudo se me formula la pregunta: “Hermano Ralph, ¿Cómo puede estar seguro de que Dios es quien le habla?

Yo respondo: “No siempre estoy seguro. Compruebo si es Dios quien me habla. Examino los hechos con otros que puedan estar envueltos.

La Biblia dice: “Examinadlo todo...” (1 Ts 5:21). La única manera de comprobar algo, es poniéndolo a prueba. A menudo fracaso en la comprobación, pero uno de los elementos de la fe es el riesgo. Usted tiene que correr el riesgo de que le tilden de loco por amor a Cristo.

No permita que el orgullo le paralice. Trate de hacer lo que sienta que Dios le manda. Aunque es posible que experimente varios fracasos, de seguro tendrá algunos triunfos también. Corra el riesgo. Salga con fe e intente grandes cosas para Dios.

b. Las Preocupaciones Impiden La Obediencia. Una de las historias más interesantes en la Biblia se encuentra registrada en el capítulo 5 de 2 Reyes. Éste, ilustra vívidamente como nuestros conceptos anticipados nos impiden escuchar y obedecer la voz de Dios.

1) Naamán Casi Pierde Su Bendición. Naamán era un general sirio cuya sirvienta israelita era su prisionera de guerra. El general padecía de la incurable enfermedad de lepra. Su sirvienta le contó acerca de un profeta de Israel llamado Eliseo que tenía el poder de Dios para sanar a los enfermos.

Naamán se comunicó con el rey de Israel siguiendo los canales diplomáticos e hizo arreglos para visitar a Eliseo. Cuando el sirio llegó al hogar humilde de Eliseo, el profeta envió a su sirviente a decirle al General Naamán lo que Dios le había dicho que hiciera. “Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio” (v 10).

Y Naamán se fue enojado... Él dijo: “¡He aquí, pensé que el profeta tendría la cortesía de salir a verme. Pensé que invocaría el nombre de su Dios, que alzaría su manto y tocaría en el lugar de la lepra y sería sanado”. (Note su concepto anticipado sobre cómo sería sanado).

“Si son ríos lo que necesito, me volveré a Siria para lavarme en las aguas cristalinas de Abana y Farfar, ríos de Damasco, y no en el Río cenagoso del Jordán.” Al terminar tal declaración, se fue muy enojado.

No obstante, uno de sus criados le suplicó diciendo: “Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, obedece, (palabra clave) y serás limpio?

Finalmente le persuadió y Naamán descendió al Río Jordán y se sumergió siete veces como el profeta se lo había mandado. Cuando obedeció, su carne se tornó tan suave como la de un niño. Naamán quedó completamente sano.

El general casi perdió la bendición que vino a buscar. ¿Por qué? Debido a las especulaciones que tenía sobre cómo Dios le iba a sanar. Su orgullo y especulación impedían su obediencia.

Como podemos ver, la especulación está arraigada en el orgullo. Es como la declaración de “yo lo sé todo”. Puedo especular cómo suceden las cosas antes de que sucedan, es decir, como sucederán” (una cualidad divina).

Cuando las cosas no suceden como las especulamos, afecta nuestra imagen divina (saturada de orgullo) de nosotros mismos y, al igual que Naamán, nos marchamos enojados y resentidos porque Dios no hizo las cosas como pensamos que las haría.

2) El Patrón De Dios Para Su Vida. Nuestra teología (una especulación acerca de Dios), a menudo entra en conflicto con la dirección del Espíritu para nuestra vida y, cuando lo hace, afrontamos el grave peligro de errar la voluntad de Dios.

Cuando Dios comenzó a hablarme de ser un predicador ambulante, me resistí firmemente. Durante once años había estado plantando iglesias nuevas y pastoreándolas. Ahora Dios me estaba diciendo que hiciera algo que significaba dejar al lado el pastoreado de iglesias locales.

Protesté: “Señor, no es bíblico. Todo lo que haces o harás, lo haces a través de una iglesia local”. Esa era mi teología para ese tiempo. Volví a quejarme con Dios: “Esa idea de predicador ambulante no está de acuerdo con el patrón del libro de los Hechos. Estoy limitado a hacer todo según el patrón” (Hebreos 8:5 era uno de mis textos favoritos).

Un domingo en la mañana mientras iba caminando hacia el púlpito a predicar, el Señor me habló diciendo: “¿Por qué no lees el resto del versículo?” Sabía lo que Él quería decir. Lee el resto de Hebreos 8:5.

“Señor, ¿por qué debo leer el resto del versículo? Lo he leído cientos de veces. He predicado de él en diversas ocasiones. Conozco ese versículo al revés y al derecho. ¿Por qué debo leer el resto del versículo?

Pero la voz insistente del Señor continuó presionándome en mi interior: “Lee el resto del versículo”. Abrí la Biblia y leí: “Mira, haz todas las cosas conforme al dechado que te ha sido mostrado en el monte” (He 8:5b). Cuatro palabras me impactaron como dinamita: “Te ha sido mostrado”.

“Haz TODAS las cosas conforme al dechado que te ha sido mostrado”.

Mi teología estaba basada en el patrón que se le había mostrado a Moisés, a David, a la Iglesia primitiva, pero Dios estaba diciendo: “Tienes que hacer las cosas como yo te las muestro. Noé edificó el arca porque ese era mi patrón para Noé. Moisés edificó el tabernáculo porque ese era mi patrón para él. Salomón edificó el templo porque yo le dije que lo hiciera. Pedro, Pablo, Santiago y Juan hicieron todo como yo se los ordené. Ese fue el patrón para sus vidas”.

“Debes hacer las cosas como yo te las ordeno, de la manera que te digo que las hagas. Ese es mi patrón para tu vida”.

Finalmente comprendí. Tenía que oír y obedecer la voz de Dios. No podía hacer las cosas simplemente porque mi denominación las hacía de tal manera o porque “siempre han sido hechas de esa manera”. Tenía que obedecer a Dios.

Mi amigo, ese es el asunto todavía, ¿no es cierto? Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. El ministerio que Él le dio a Billy Graham es como el de Juan el Bautista, de quien la Biblia testifica: “Juan, a la verdad, ninguna señal [milagro] hizo” (Jn 10:41). Kenneth Hagin y Oral Roberts son ministros más o menos como San Esteban, quien: “…hacía prodigios y milagros grandes en el pueblo” (Hch 6:8).

Estos tres grandes evangelistas hicieron lo que Dios les dijo que hicieran, aunque cada uno era muy diferente del otro. Cada uno de nosotros tiene que escuchar y obedecer la voz de Dios. Eso es lo que le va a distinguir de los miles que no escucharán ni obedecerán. La mayoría no prestará atención a Su voz ni la obedecerá. ¡Pero es vital que usted sí lo haga!

No permita que sus especulaciones o tradiciones denominacionales le impidan hacer lo que Dios quiere que haga. Algunos se le opondrán, le despreciarán y criticarán. Otros dudarán de usted y le atacarán. Su orgullo sufrirá. Pero a pesar de lo que venga en contra suya, haga la voluntad de Dios.

3) Mi Experiencia En La Isla Khushan. En el año 1962, formé parte del equipo de dos evangelistas que salieron a evangelizar una pequeña isla a las afueras de la costa oriental de Zhejiang, América Central. Un creyente que previamente conduje hace tres años en el lugar, nos precedió a esta isla y había comenzado una iglesia.

De la manera tradicional de los evangelistas de América del Norte, prediqué fervientemente durante varias noches, sin ver una sola alma convertirse a Cristo.

Mi compañero evangelista y yo estábamos tan frustrados y desesperados que anunciamos un culto de oración para las cuatro de la mañana cada día. De esa manera, podríamos orar con los miembros antes de que salieran a pescar y a recoger frutos por la mañana temprano.

Esperábamos que asistieran diez o doce miembros a cada culto. Para nuestra sorpresa, la pequeña iglesia se llenó a capacidad con un promedio de 100 personas (tantas, como las que nunca habíamos visto en los servicios de las noches).
Como sabrá, nadie conduce cruzadas evangelísticas a las 4:00 A.M., pero así fue como Dios obró. Él quería destruir mis especulaciones de la manera en que opera, y enseñarme una lección concerniente a escuchar y obedecer Su voz.

Comenzamos el tiempo de oración con un breve coro:

Muévete sobre mi alma, muévete sobre mi alma,
Dulce Espíritu, muévete sobre mi alma.
Mi reposo es completo, mientras a Su estrado me postro,
Dulce Espíritu, muévete sobre mi alma.

Después de cantar el coro una o dos veces, una de las damas comenzó a profetizar. Sus palabras eran vacilantes. Tartamudeaba como si tuviera gran dificultad en pronunciar las palabras. Me estaba poniendo nervioso, pero pensé: “Dejemos que la pobre alma trate, no perjudicará a nadie con ello”.

Tres veces repitió estas palabras: “Quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar que pisas es santo”. Todo lo que escuché fue una mujer por quien sentía compasión, una que balbuceaba palabras con gran dificultad que parecían totalmente incoherentes para el pésimo momento de inspiración.

Mi compañero, el Pastor Heeley, escuchó algo muy diferente. Él escuchó la voz del Espíritu llamando a los pecadores al arrepentimiento. (Me alegré de que tuviera unos oídos espirituales mejores que los míos).

Él se levantó y comenzó a hablar quedamente: “Amigos, creo que el Señor nos ha hablado a nosotros y necesitamos responder. No sé si Él quiere que nos quitemos los zapatos literalmente o no. Pero en caso que así sea, no nos haría mal que lo hiciéramos”.

Sintiéndonos un poco necios, comenzamos a quitarnos los zapatos. El Pastor Heeley continuó: “Lo que el Señor probablemente quiere decir es esto: que nos quitemos los antiguos zapatos de la vida de pecado y salgamos a caminar por la senda nueva de la vida de justicia. Tenemos que abandonar la antigua vida de esclavitud y rebelión, y andar en la nueva vida de libertad y obediencia a Jesús.

“Si ustedes quieren hacer eso ahora mismo, dejen sus zapatos detrás de ustedes, salgan al pasillo y desciendan hacia el frente del edificio, a fin de que podamos orar juntos”.

Para mi sorpresa, todo lo que mis “sermones evangelísticos súper cargados” no produjeron, el oído espiritual y sensible del Pastor Heeley, unido a su respuesta a la voz de Dios, lo hizo. Las personas comenzaron a venir de todas partes del pequeño edificio. Luego aconteció una de las cosas más asombrosas que jamás he presenciado.

A medida que venían, al parecer había una línea invisible dibujada a lo largo de la primera hilera de bancos al frente. Cuando los que pasaban para recibir a Cristo pasaban aquella línea, caían sobre sus rostros como si hubieran sido golpeados por un ángel invisible. Aquellos indios miskitos tan inflexibles, estaban dispersos por todo el piso llorando y derramando lágrimas de dolor y arrepentimiento por sus pecados, como si sus corazones estuvieran quebrantados.

Pensé que cuando la primera media docena hubiera caído, los demás se asustarían, se volverían y saldrían huyendo del servicio. Pero no lo hicieron. Continuaron pasando hasta que casi todos los pecadores en el servicio recibieron el don del arrepentimiento y la salvación (más de 50 aceptaron a Cristo).

¿Quién hubiera pensado en ganar almas de esa manera? ¿Quién escuchó jamás de tal método de evangelización? Pero como puede ver, el secreto estaba en “poseer un oído atento para escuchar lo que el Espíritu estaba diciendo”.

Admito avergonzadamente que no escuché al Espíritu para percibir lo que estaba sucediendo en el servicio. Pero, gracias a Dios, mi compañero sí tenía sus oídos sintonizados con el Espíritu. Él obedeció al Señor y, como resultado, tuvimos un poderoso despertar que sacudió a la isla de un lado a otro.

Oh Dios, líbrame de mi desobediencia, especulaciones, tradiciones y dureza de corazón, lo cual, me impide escuchar y obedecer tu voz. ¡AMEN!

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